Latin America's 'Lithium Triangle' Indigenous Communities Face Water Crisis Amidst Extraction Pressure

En el corazón de los desiertos de altura de Argentina, Chile y Bolivia vive más del 50% del litio identificado en el planeta. Levante-EMV La demanda global de este mineral, clave para las baterías de coches eléctricos, se triplicará para 2035. Pero extraerlo tiene un precio que no paga quien lo compra: el agua y la tierra de las comunidades indígenas que llevan milenios viviendo allí.
La llamada 'fiebre del oro blanco' está poniendo a los pueblos atacameños, kollas y aymaras ante una elección brutal: quedarse en sus territorios ancestrales con cada vez menos agua, o marcharse. Según El Periódico de Aragón, las presiones vienen de dos frentes: las compañías mineras globales y los propios gobiernos de la región.
El método tradicional de extracción bombea salmuera —agua salada subterránea— a la superficie y la deja evaporar al sol. Por cada tonelada de litio producida, se evaporan unos 2 millones de litros de agua. Diario Córdoba En el Salar de Atacama, en Chile, datos satelitales confirman que el suelo ya se hunde entre 1 y 2 centímetros por año a causa de esta extracción.
La microbióloga Cristina Dorador advierte que los salares no son solo depósitos minerales. Son ecosistemas complejos, con flamencos y microorganismos únicos. Cuando el agua desaparece, dice, el daño es "irrecuperable". En Chile, la salmuera ni siquiera está clasificada legalmente como "agua", lo que permite a las empresas esquivar parte de la normativa de aguas dulces, según La Provincia.
Zulema Mancilla, líder de la comunidad colla en Chile, lo describe sin rodeos: "Vivir en nuestro territorio hoy significa estar en resistencia constante. Al succionar los acuíferos subterráneos, muy poca agua llega abajo, donde vivimos". Irene Leonor Flores de Callata, anciana kolla en Argentina, va más lejos: "Lo perderemos todo. Si llegan las minas, perderemos nuestra cultura". La Opinión de Málaga
El representante de la ONU para los Derechos Humanos en América del Sur, Jan Jarab, recuerda que estos territorios no son "desiertos vacíos", sino "espacios vivos con economías de subsistencia". La Federación Internacional de Derechos Humanos (FIDH) confirmó en 2025 que la mayoría de proyectos en el Triángulo no cumplen el Convenio 169 de la OIT, que obliga a una consulta libre, previa e informada a las comunidades afectadas. El Correo Gallego
Los tres gobiernos siguen caminos distintos. En diciembre de 2024, el presidente argentino Javier Milei derogó la Ley 26160, que protegía a las comunidades indígenas de ser expulsadas de sus tierras. Su administración fue la única en rechazar una resolución de la ONU sobre derechos indígenas ese año. Argentina tiene reservas de 23 millones de toneladas de litio, las mayores del mundo, según Información.
En Chile, el presidente Gabriel Boric defiende su Estrategia Nacional del Litio como "una oportunidad histórica para vincular el desarrollo de Chile con la transición verde global". Bolivia firmó contratos por 2.400 millones de dólares con firmas chinas y rusas para industrializar su litio. Su presidente Luis Arce afirma que Bolivia "por fin podrá vender sus recursos naturales con valor añadido". El Día Pero los críticos advierten que las comunidades locales siguen sin ver beneficios directos.
Los analistas de derechos humanos ven en el litio un patrón ya conocido. La plata del Cerro Rico de Potosí enriqueció a Europa durante siglos mientras destruía comunidades locales. El estaño boliviano siguió el mismo camino. Ahora el litio alimenta las cadenas de suministro de vehículos eléctricos en Europa y Norteamérica, mientras la FIDH habla de "zonas de sacrificio" donde la supervivencia indígena es secundaria. LNE
S&P Global estima que, con la política de "puertas abiertas" de Milei, Argentina podría superar a Chile en volumen de producción antes de 2030. La demanda de litio se proyecta en 3,3 a 3,8 millones de toneladas equivalentes para 2035. Mientras los precios se recuperan —de 8.100 dólares por tonelada en junio de 2025 a 17.500 en marzo de 2026—, la presión sobre los territorios indígenas no hará más que crecer, según El Correo Web.
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