Parents guided on allowing teens to swim with friends: psychologists advise discussing risks.

¿Puede un adolescente de 14 años ir solo a la playa con sus amigos? La pregunta genera ansiedad en muchos padres cada verano. Según expertos consultados por La Opinión de Málaga, no existe una edad mágica universal, pero los psicólogos y formadores coinciden en que la autonomía debe ganarse de forma progresiva, preparando al menor antes de cada nueva experiencia.
El debate cobra especial relevancia en España, donde el ahogamiento es una de las principales causas de muerte accidental en menores. Los especialistas no dicen simplemente «sí» o «no». En cambio, proponen un enfoque basado en hacer al hijo consciente de los riesgos antes de soltarle la mano, según recoge Levante EMV.
Los psicólogos consultados por Diario Córdoba señalan que los 14 años pueden ser suficientes, pero solo si el menor cumple ciertos criterios. Debe saber nadar bien, conocer las normas de seguridad básicas y ser capaz de pedir ayuda sin vergüenza. También importa el grupo: ¿van amigos responsables o alguien que le presionará a asumir riesgos?
Según La Provincia, los expertos recomiendan evaluar al hijo, no la edad. Un chico de 12 años maduro puede estar más preparado que uno de 16 impulsivo. La clave está en si el menor entiende que el mar no es una piscina: las corrientes, el fondo irregular y el cansancio son peligros reales que matan cada año.
La estrategia que más recomiendan los formadores es «hacer consciente» al hijo del peligro concreto antes de darle el permiso. No se trata de asustarle, sino de hablar claro. Según El Periódico de Extremadura, frases como «¿qué harías si tu amigo se marea en el agua?» o «¿dónde está el punto de socorro más cercano?» ayudan a medir si está realmente preparado.
Los psicólogos también aconsejan establecer normas concretas antes de salir: hora de regreso, no bañarse solo aunque estén en grupo, no entrar al agua justo después de comer y respetar las banderas de peligro. El Correo Gallego recoge que fijar estas reglas en voz alta, y no solo darlas por supuestas, reduce los accidentes en adolescentes.
Los especialistas consultados por LNE insisten en que ir a la playa solo no debería ser un salto al vacío. Lo ideal es haberlo preparado antes: primero acompañado por un adulto que se aleja un poco, luego con supervisión a distancia, y finalmente con libertad total. Este proceso gradual entrena tanto las habilidades del menor como la confianza del padre.
Prohibir de forma tajante también tiene un coste. Según El Día, los adolescentes a quienes nunca se les da autonomía tienden a asumir más riesgos cuando la obtienen de golpe, ya que no han aprendido a gestionarla. Dejarle ir a la playa, con preparación y normas claras, puede ser exactamente el ensayo que necesita para crecer de forma segura.
La Opinión de Murcia resume el checklist que proponen los expertos. Primero: ¿sabe nadar más de 200 metros sin parar? Segundo: ¿conoce qué es una corriente de resaca y cómo salir de ella? Tercero: ¿tiene el móvil cargado y un adulto de contacto localizable? Si las tres respuestas son sí, la balanza se inclina hacia el permiso.
Si alguna respuesta es no, los formadores no dicen «entonces espera un año». Dicen «enséñale». Apuntarle a un curso de socorrismo básico, practicar juntos en la orilla o ver vídeos sobre seguridad acuática son pasos concretos. Según Información, el objetivo no es proteger al hijo de todo riesgo, sino darle las herramientas para gestionarlo él mismo.
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