Blue and Fin Whale Populations Show Significant Recovery in the Southern Hemisphere

Las ballenas azules y los rorcuales comunes están volviendo a zonas del hemisferio Sur donde casi desaparecieron. Un estudio clave publicado el 22 de mayo de 2026 en el African Journal of Marine Science confirma su regreso al ecosistema de Benguela, frente a las costas de Namibia y Sudáfrica, décadas después de que la caza industrial las llevara al borde de la extinción.
La recuperación es lenta pero real. Las ballenas azules antárticas crecen entre un 5 y un 8% cada año, aunque todavía representan solo el 3% de sus números históricos, según UCT News. Los rorcuales comunes van más rápido: ya han recuperado más del 30% de sus niveles originales.
Entre 1913 y 1978, los balleneros industriales mataron más de 350.000 ballenas azules y 725.000 rorcuales comunes en el hemisferio Sur, según UCT News. A finales de los años 60, la población antártica de ballena azul había caído a menos del 1% de su tamaño original. En total, se calcula que 1,3 millones de ballenas de diversas especies fueron eliminadas del Océano Austral durante el siglo XX.
El punto de inflexión llegó en 1986, cuando la Comisión Ballenera Internacional (IWC) prohibió la caza comercial. Sin esa presión, los animales comenzaron a estabilizarse lentamente. La Dra. Bridget James, de la Universidad de Ciudad del Cabo y autora principal del estudio de 2026, afirma que
En abril de 2025, investigadores en las islas Georgias del Sur contaron más de 30.000 ballenas —principalmente jorobadas, pero también ballenas azules— que regresaban a esas aguas, según el British Antarctic Survey. En febrero de 2026, expediciones cerca de las islas Orcadas del Sur registraron "super-agregaciones" de más de 100 ballenas alimentándose al mismo tiempo.
En México, la recuperación también avanza. La agencia ambiental CONANP reportó el 28 de mayo de 2026 que 37 ballenas azules fueron vistas en el Parque Nacional Bahía de Loreto, frente a las 25 del año anterior. Entre ellas había dos crías, una señal clave de que la especie se está reproduciendo con éxito, según Milenio.
Las ballenas comen kril, un pequeño crustáceo que también es el objetivo de una poderosa industria pesquera. En la temporada 2024-2025, los barcos industriales capturaron un récord de 620.000 toneladas métricas de kril en el Océano Austral, cerrando cuatro meses antes de lo habitual por haber alcanzado el límite de captura, según Oceanographic Magazine. El 57% de esa pesca vino de una sola zona, cerca de la Península Antártica, justo donde las ballenas se alimentan.
Empresas como Aker BioMarine quieren aumentar ese límite a 1,1 millones de toneladas, casi el doble. WWF presentó una objeción formal en marzo de 2026 contra la etiqueta "sostenible" que recibe el kril antártico, citando un daño real en zonas concretas de alimentación. Sea Shepherd, por su parte, documentó supertrawlers pescando en medio de grupos de ballenas en lo que llaman una "zona en crisis", según Mongabay.
La vuelta de las ballenas no es solo una buena noticia para la naturaleza. Estos animales actúan como "bombas de nutrientes": se alimentan en las profundidades y defecan en la superficie, liberando hierro y nitrógeno que fertilizan el plancton. Ese plancton absorbe CO2. Una población sana de ballenas podría aumentar la capacidad del Océano Austral de capturar carbono, según National Geographic.
También hay un negocio en auge. El turismo de avistamiento de ballenas valía 3.400 millones de dólares en 2025 y podría alcanzar los 6.100 millones en 2034, según Dataintelo. Para comunidades de México, Namibia y Sudáfrica, ver ballenas vivas es más rentable que cazarlas. El próximo gran debate llegará en la reunión número 70 de la IWC, prevista para finales de 2026 en Hobart, Australia, donde se decidirá el futuro de estas protecciones.
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